Invisible
Tengo marido. Lo sé porque alguna vez hubo cariño y amor. Recuerdo cómo era amarlo, la forma en que llenaba la casa con su risa, su olor. Pero algo cambió. No fue de golpe. Tal vez por eso aún conservo vivo el enojo de su primera infidelidad. Hubo lágrimas, promesas y gritos; estuve furiosa durante días, pero al final decidí creerle y seguimos juntos. La segunda vez me invadió la tristeza y llegué a pensar que yo tenía la culpa. La tercera vez vino una gran decepción y solo quedaron el desprecio y la indiferencia. Para entonces, él ya no existía para mí. ...