Imperdonable
Nació en un hospital público un martes. Fue un bebé que solo lloraba por necesidad fisiológica. Su tránsito por la escuela fue igual. Sus calificaciones eran una sucesión constante de sietes y ochos, ese rango perfecto que garantiza el anonimato. Al terminar la preparatoria, Ana consiguió un empleo. Su puesto como capturista la sumergió en un sótano sin ventanas con veinte personas y el zumbido de los servidores. Su tarea: transferir números de facturas impresas a una base de datos, de nueve a cinco, de lunes a viernes. Almorzaba sola, un sándwich envuelto en una servilleta, y a las cinco en punto se retiraba. ...